'Keep calm', Dembélé

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Dembélé es derribado por Ricca en La Rosaleda.

Aunque el sábado jugó su mejor partido con la camiseta del Barcelona, Ousmane Dembélé tendrá que seguir trabajando para meterse en la alineación de gala de Ernesto Valverde, en la selección que el técnico extremeño hace para los grandes encuentros. En Málaga, frente al colista destacado de Primera (todo sea dicho), el extremo francés acumuló puntos en el uno contra uno, exhibió más que nunca su condición de ambidiestro, asistió para el taconazo de Coutinho tras una gran maniobra y asumió galones creativos en ausencia de Messi.

Sin embargo, todos estos progresos no le llevarán de repente al once en noches como la de este miércoles en el Camp Nou, ni siquiera considerando la falta de Coutinho y la debilidad física de Iniesta. Esta es la sensación que cunde en la ciudad deportiva a sólo un día de la visita del Chelsea en la vuelta de los octavos de final de la Champions, con 1-1 en el encuentro de ida.

“Dembelé ha tenido más acierto que otras veces, y lo bueno es que siempre se atreve, siempre encara”, premió Valverde en La Rosaleda, consciente de los avances del joven atacante, al que pese a todo sigue viendo más como revulsivo, una condición en la que sí ha superado a Aleix Vidal en las últimas semanas. Durante la larga baja de Ousmane, el ‘Txingurri’ tuvo que deshacer el 4-3-3 inicial y pasarse al 4-4-2 para aprovechar mejor los argumentos de la plantilla. No le funcionaron ni Vidal ni Deulofeu como alternativas al galo, así que optó por fijar un doble pivote Busquets-Rakitic, abrir el campo con los laterales y acumular un hombre más en la medular, con preferencia por Paulinho.

Todo cambia con Messi

De momento, la trayectoria del equipo, líder invicto de LaLiga y finalista de la Copa del Rey, avala al entrenador. De ahí que en Sant Joan Despí se imponga la idea de que el Barça volverá mañana al 4-4-2 tras el breve regreso al 4-3-3 (o al 4-3-2-1) que brindó en Málaga. De hecho, no sería raro que el once fuera parecido (o clavado) al de hace tres semanas en Londres. Manda el equilibrio. El marcador de la ida es favorable y los riesgos deben ser los mínimos.

Esto último quita opciones a la titularidad de Dembélé frente al Chelsea. No en vano, los técnicos le piden al francés que no pierda balones fáciles, que precisamente es una debilidad que el conjunto inglés suele aprovechar para armar contras letales. Otro aspecto que le instan a mejorar es el trabajo defensivo, las ayudas al lateral de su banda. Esta circunstancia le obliga especialmente en el 4-4-2 y en convivencia con Messi, cuyos esfuerzos sin balón son selectivos.

Todo esto, sumado a una toma de decisiones mejorable, hace que en el Barça se imaginen más al ‘Mosquito’ como herramienta para cambiar la dinámica de un partido que como plan inicial. Peor sería que tuviera que ser decisivo en un escenario de urgencia, sin apenas tiempo de adaptación al ecosistema culé.